viernes, 14 de noviembre de 2014

Ciudades y emociones

Sinceramente, se me había olvidado lo maravillosa que es esta isla, no sé ni siquiera si alguna vez estando allí llegué a apreciarlo, o por lo menos del todo. De vez en cuando me vienen a la mente flashes fugaces de momentos vividos allí y me hacen sonreír, a veces incluso consiguen que se me erice la piel. Pero me había olvidado que allí el mar es más azul, que en el aire se respira otro espíritu, que el estilo de la gente es más relajado. Y es que Mallorca es un pedacito de cielo en medio del mediterráneo para disfrutar. De repente me he visto sepultada por la magnética e hipnótica atmósfera balear.

Hace un año que no he vuelto, pero más de cuatro que no he disfrutado como se debe la magia de sus calles, su maravilloso ajetreo 24 horas 365 días al año, las luces de la noche, la energía que desprende, la mezcla de gente que va, que viene, que corre, que pasea, en chándal sacando a su perro o vestida para una alfombra roja, la gente que llora, que ríe, que besa, los bares, los músicos o el sonido del metro. Tengo unas ganas como para ponerme a bailar por toda la habitación de volver en la época más fría, bonita y majestuosa del año. Madrid es siempre sinónimo de adrenalina.

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