miércoles, 5 de noviembre de 2014

Satélites

No hay mayor poema que la luna llena. Con su hechizo, su embrujo, su luz. No hay nada en este mundo que refleje mejor el amor que nuestro satélite, no existe ninguna señal celestial que pueda evocar mejor nuestros recuerdos de las grandes noches, las contagiosas risas, los desmesurados vuelcos de corazón, las pieles erizadas y las manos suaves. No se puede tener mejor recuerdo que mirar la luna llena, sonreír y saber que todos los meses estará ahí.

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