Estoy en guerra continua contra el pasado y, sinceramente, no veo posibilidades de siquiera una tregua. Corro delante de los recuerdos, para que no vuelvan a tocarme, para no tener que curarme las mismas heridas de siempre acompañadas de las mismas preguntas, para no volver a buscar donde estuvo el fallo en la estrategia. El problema llega cuando pasado, presente y futuro convergen en el mismo punto y es ineludible.
Y me vuelvo a plantear cuándo todo lo que quiero va a dejar de ser ese autobús que se escapa justo cuando acabo de llegar.
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