Que se deje crecer la barba en vacaciones. Que lleve las Wayfarer como nadie.
Que sepa de zapatos bonitos y cuál es su tipo de traje ideal, pero que no pierda más de cinco minutos en contar lo que ha visto si ha salido de compras.
Que no deje de salir porque "mañana hay que madrugar", que sea todoterreno.
Que sepa de música, de arte o de cine; pero no de las tres. Que no sea un necio, pero tampoco un pedante insoportable, un punto intermedio.
Que sea un poco (bastante) canalla, ya hay demasiados blandengues.
Que siempre tenga tiempo para hablar por teléfono.
Que no se depile las cejas, por favor, ni sé de rayos, ni se haga el láser. Que no se arregle más que yo.
Que meta la pata, que haga que todo salga bien aunque salga mal, que cargue conmigo aunque no pueda más y que no se queje más que yo.
Que algunas mañanas me secuestre y me haga llegar tarde, que lea, que jamás me traiga el desayuno a la cama.
Que no hable de dinero.
Que cuente historias graciosas, que se ría de mí, que se ría de él. Que me haga reír todos los días.
Que sea de vino y rosas, aunque no tenga ni idea de ninguno de los dos.
Que sea de vino y rosas, aunque no tenga ni idea de ninguno de los dos.
Que deteste ser el centro de atención.
Que sepa cómo tratar con cada persona. Que tenga unos modales impolutos, pero que cuando tenga que perderlos no lo dude ni un segundo.
Que no le gusten las bodas.
Y sobre todo, sobre todo, que no sea perfecto
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