Por su acento.
Por su calidez.
Por su blanco, sus rejas y sus naranjos.
Por sus andaluces inigualablemente guapos.
Por sus tapitas y su gastronomía sublime.
Por su flamenco que te despierta el alma, el corazón y todo el cuerpo.
Por su fino.
Por sus noches a fuego lento en cualquier azotea.
Por su olor.
Porque sí.
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