Creo fervientemente que no nos damos cuenta de lo valioso que es estar solos; sólo cuando te abrochas el cinturón contra la espalda de otra persona te das cuenta. Cuando empieza a faltarte el aire. Te ahogas. Te mareas. Y tienes que levantar la pestañita y oir el "clic" metálico, como el de los cinturones de los aviones, para poder volver a respirar y no morir por querer a otro ser humano. O por intentarlo. O por intentar hacerlo bien. Llegados a este punto todos sabemos lo que debe pasar
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