En dos días entra el frío polar, bueno el frío a secas y yo sigo aquí como todos los inviernos, sola. Con mis abrigos, mis tés verdes a media tarde, mi flexo, mi pañuelo de golondrinas y mis ganas de salir a la calle todas las tardes en la época más bonita del año.
Esperando.
Esperando desesperadamente.
Esperando desesperadamente que te des cuenta de que estoy aquí, expectante de que tengas un accidente conmigo, contra mí; sólo un gesto, un monosílabo, una mirada o cualquier otra señal por minima que sea que cambie el ritmo de nuestras vidas.
Que estoy aquí pero cuando tú quieras puedo estar allí, que las distancias que nos separan no son ni tanta tierra, ni tanto cielo, ni tanto mar.
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