domingo, 21 de enero de 2018

Esta noche desde mi cama te extraño.
No me lo iba a callar.

Y me acuerdo de todo: de aquel último domingo por la tarde tomando el sol en esa cala, del concierto de Leiva, de la habitación en tu casa de playa, del viaje desde Benidorm en tu viejo coche, de las tardes de invierno comprando medias, de estar muy mojados en Granada, de cómo me acariciabas la pierna aquel verano tan húmedo, de verte en el desayuno y sentirme feliz, de aquella segunda vez en las escaleras del auditorio, de volver locos a nuestros conocidos para que no supieran si estábamos juntos o no.

Recuerdo, sobre todo, la despedida casi accidentada en mi portal, que estuvieras tan borracho que me confesaras que querías ir en serio, aquella primera fila viendo a Chvrches, cuando me contabas que te sentías orgulloso de decir a tus amigos que estabas conmigo, las risas, la complicidad y las miles de fotos de los dos, aquella noche de junio bajo las estrellas rodeados de todos nuestros amigos cuando me dijiste que querías intentarlo otra vez, a Lady Ma Belle en la Clásica, cuando venías a recogerme a casa, aquella noche que se te escapó que te quedarías conmigo para toda la vida.

Recuerdo cuando compartías conmigo todos tus secretos, la parte de atrás en tu coche después de aquel festival, aquellas cenas en parejas, todos los trenes que hemos cogido, las bromas que sólo entendemos tú y yo, el concierto de Second en la sala R.E.M. en pleno diciembre, la punta de tu zapato paseando suavemente por mi pierna y todo lo que eso significaba, aquellos días por Alicante en casa de tu hermana, los desconocidos que nos trataban como una pareja curtida en años, verte dormir a mi lado en la playa.

Me acuerdo de todos nuestros besos del primero y también del último, de aquel día comiendo por el centro entre nerviosos y tensos, de una navidad por Madrid, de nuestra conversación la noche antes de volar hacia la isla de la decepción, de pasear entre risas por los jardines de Lorca, de hablar de música todo el tiempo y que siempre coincidamos en los mismos grupos, de cuando te hacías más de cien kilómetros para vernos un ratito, del baño y la pasta de dientes en casa de tus padres, de tener tu olor por todas partes, de aquella conversación con letras de Pereza con la que empezó todo.

Recuerdo querernos mucho.

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