Se acabaron las redes, las tiritas para intentar sanar heridas de bala, los coladores, los sueños en formol, el oxigeno extra, la amnesia, los relojes congelados; ya no habrá más despedidas de las que dejan desperdicios en el alma, seguidas de semanas conectada a un soporte vital; punto y final de los finales a las arenas movedizas bajo los pies, a los reflejos dorados a la luz del sol.
Yo sola soy mucho más.
He elegido quererme.
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