Mientras veo como llueve por mi ventana con la persiana bajada a mitad y noto el frío siento que me falta algo. Una milesima de segundo después viene a mi cabeza la imagen de los jardines del Louvre... ¡Ah! ¡Era eso! Hoy echo de menos París, más que nunca. Echo de menos la rue paveé de Le Marais, las puestas de sol en la mota del río mezclandome entre los parisinos y bebiendo champán, echo de menos el metro y los puentes, echo de menos las sandalias junto con el paraguas y las gafas de sol, echo de menos la heladería Albert, el barrio latino, los acordeones, los artistas en cada esquina, echo de menos Montmartre y mi cámara de fotos, las postales en blanco y negro, echo de menos las palomas, las farolas, oír el lago de los cisnes con la flauta travesera en un callejón mientras llueve, pero sobre todo sobre todo echo de menos la noria de los jardines del Louvre sobre un fondo de nubes rosas.
Bueno vale... También el amor.
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