
Y aunque estaba desarreglada y sospechaba que él iba a estar allí, fui y me arriesgué a encontrármelo, o no; existían esas dos posibilidades y no desechaba ninguna. Los primeros veinticinco minutos todo era perfecto, incluso parecía que no llegaría; pero pasé andando entre los conocidos amigos y gente nueva y allí estaba él, sentado con sus padres, me senté y le observé de lejos, con la chulería y la pasotería que le distinguen quería hacerse el disimulado, como si no se diera cuanta de que yo le miraba disimuladamente. Hubo un momento crucial en el que me dí cuenta; ya nunca podría pillarlo, se había bajado en la estación de la madurez y a mi me quedaban todavía bastantes paradas para que llegase la mía, en pocos meses había cambiado demasiado. Aunque suene cursi y típico decirlo ya era un hombre, un adulto, había dejado de ser aquel chico por el que todas moríamos, para convertirse en un hombre responsable, formal, con una novia con la que tenía planes de futuro a largo plazo y un trabajo serio y bien pagado. Así que para mis adentros le dí el adiós definitivo a mi primer amor, al chico que nunca me había hecho caso y tan mal me lo había hecho pasar, al chico mas chulo, elegante, educado y sexy que jamás había conocido...¡ Por ahora!
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